domingo, 19 de marzo de 2017

Unidad 4: Esteretipos profesionales y necesidades de referencia

De mayor quiero ser..........
        Hay un dispar de opiniones para saber lo que se quieres ser de mayor. Hay oficios que resaltan más que otros, ya que algunos tienen más protagonismo en los medios de comunicación que otros. Justo no lo es, ya que cada profesión se debería de dar la importancia justa al igual que el resto. Entonces, los niñ@ sefijan en los oficios que destacan más y así quieren ser segú sus ídolos, ya sea fútbol, policía, cantante, actor o actriz, etc.
       Pero es curioso, que hacen una preguta a varios niñ@s sobre algún inventor científico y saben contestar con rapidez, pero sin embargo si cambiamos de nombre al de mujer científica no lo saben o no se acuerdan. Me quedo con las caras que ponen de inseguridad y de pensativos.


https://www.elheraldo.co/ciencia-y-tecnologia/una-mujer-de-23-anos-es-considerada-la-nueva-einstein-338278
Aquí os dejo un enlace en el cual, describen a una mujer de 23 años de edad, que dicen que es la nueva Einstein. Con solo 14 años empezó a realizar un avión a motor en el taller de su padre. Echa un vistazo a dicho artículo que no tiene desperdicio.  A mi me ha encantado como una mujer desde muy pequeña hacía maquetas en el taller y que luego han cobrado vida y hasta sus propios aviones lo ha dirigido ella. Una mujer que rompe las barreras en todos los sentidos.
 Mujeres en la Ciencia.
Una anotación que me ha impresionado a la hora de buscar una mujer científica.
Laura Bassi fue la primera mujer que impartió clases en la universidad en Bolonia. Obtuvo el nombramiento de la Cátedra dos años más tarde. Pues no podía ejercer como profesora en un aula llena de hombres pues era indecoroso, siempre tenía que dar clases con el permiso del Senado de Bolonia. Muy curioso, ésto fue en el siglo XVIII.
Me decantaría por María Montessori pero ya está escrita.
Entonces he remirado y he visto una mujer con una vida dedicada a la investigación y que la verdad me ha encantado.
RITA LEVI-MONTALCINI
Nació en Turín, Italia, el 22 de abril de 1909, en el seno de una familia judía, con un ingeniero y una pintora a la cabeza.
Quizás fue el talento para la ciencia de su padre, o el interés por el progreso y la libertad característico de artistas como su madre, pero lo que está claro es que desde niña Rita quiso que no quería dedicar su vida a ser madre y esposa, como hubiese querido su familia, sino que prefería hacer de la ciencia su profesión, por lo que el primer paso era conseguir el dinero suficiente para pagarse la carrera.
Para ello entró a trabajar en una panadería. Resulta curioso que permaneciese allí, pues padecía alergia  la levadura, pero su sistema inmune no la iba a parar, por lo que finalmente a los veinte años consiguió ahorrar bastante y se matriculó en la Escuela de Medicina de Turín, donde finalizó la carrera de medicina y cirugía en 1936, con calificación de summa cum laude.

En los años siguientes se especializó en neurología y psiquiatría; pero, después de que en 1943 el dictador Benito Mussolini prohibiera a las mujeres el acceso a carreras profesionales a las personas judías, fue expulsada del centro, por lo que decidió marcharse a Florencia, donde comenzó a trabajar en clandestinidad en un laboratorio que había montado en su propio dormitorio.
Más tarde, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, pudo volver a Turín, pero no tardó en recibir un ofrecimiento para trabajar en la Universidad Washington, en Saint Luis, supervisada por el zoólogo y embriólogo Viktor Hamburguer, que se había hecho conocedor de los avances que había conseguido durante sus investigaciones clandestinas.

Durante el tiempo que pasó en Florencia, Rita comenzó a estudiar el crecimiento de las fibras nerviosas de los embriones de pollo y consiguió datos muy interesantes que le sirvieron más tarde para sus investigaciones en el centro estadounidense.
Tanto se valoraron allí sus conocimientos que el puesto que iba a durar un semestre se alargó 30 años más, durante los cuáles elaboró un interesante trabajo sobre el ¨factor de crecimiento nervioso¨ que le acabaría valiendo el Premio Nobel de Medicina, con el que fue galardonada en 1986, junto a Stanley Cohen.
Los últimos años que trabajó en Estados Unidos los pasó a caballo entre St. Louis, donde tenía un puesto como profesora, y Roma, donde estableció una unidad de investigación.

Desde ese momento los premios por su carrera le llovieron. Además, entre sus méritos pudo contar con tres doctorados honoris causa, expedidos por el Politécnico de Turín, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Mc Gill.
También fue nombrada senadora vitalicia en su país natal, en el que años después de que se le negara formarse por causa de su religión, se había convertido en una verdadera heroína.
Y desde luego lo fue, pero no sólo por sus contribuciones a la ciencia, pues Rita Levi-Montalcini fue también una gran defensora del feminismo, una mujer a la que no le importaba que le preguntaran una y otra vez por qué nunca se casó; ya que siempre contestaba lo mismo: yo soy mi propio marido.

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